Después de problemas en Florida, ¿será mejor el voto electrónico?

Imagen de Juan Gigli

(mouse.cl)Según algunos periodistas y activistas, el voto electrónico podría engendrar un fraude electoral de enormes proporciones.

El mercado de estas máquinas lo domina la empresa Diebold, cuyo máximo directivo ha sido un decidido partidario del presidente saliente, George W.Bush.

Mientras los demócratas todavía se lamentan por haber perdido los últimos comicios presidenciales en Estados Unidos por los fallos del sistema de votación en Florida, la atención se desvía a las sofisticadas máquinas electrónicas que se utilizarán en 37 de los 50 estados en las elecciones de 2004.Estos nuevos aparatos ultramodernos prometen garantizar una votación precisa, imparcial y segura, digna de un país que se ve a sí mismo como el paladín de la democracia mundial.Pero si uno escucha a los muchos activistas y periodistas que han investigado esas aspiraciones, hay más que una simple sombra de sospecha de que el voto electrónico podría engendrar un fraude electoral de proporciones enormes y sin precedentes.El mercado de estas máquinas lo domina Diebold, una empresa cuyo máximo directivo ha sido un decidido partidario del presidente saliente, el republicano George W.

Bush, y que se ha resistido de forma enérgica a los intentos públicos de investigar posibles errores en sus máquinas y software.Básicamente, lo que tenemos es una compañía que da dinero y ayuda en la estrategia de campaña de un partido político específico y a la vez hace las máquinas que cuentan los votos, apunta Bev Harris, partidario de una mayor regulación del voto electrónico y autor del libro Black Box Voting: Ballot-Tampering in the 21st Century (Votos en la caja negra: fraude electoral en el siglo XXI).Votar con sistemas electrónicos o de Elección por Registro Directo debería ser mucho más sencillo que los pesados métodos tradicionales en los que los votantes a menudo tienen que abrirse camino a través de página tras página de nombres y casillas.Los nuevos sistemas dan a cada votante una tarjeta especial que puede utilizarse una sola vez.

En la cabina de votación, los electores habitualmente ven un aparato similar a un cajero automático con un listado de los nombres de los candidatos.

Tocan la pantalla para elegir un nombre y la computadora se asegura de que no seleccionen demasiados.Después de confirmar su opción, ponen fin a la sesión.

Todos los votos se graban en tarjetas de PC que se pueden trasladar y que después de la elección se llevan al lugar del recuento físicamente o por Internet.Las máquinas deben cumplir normas federales, pero los críticos aseguran que no se han actualizado esas reglas desde 1990, justamente durante un período en que las herramientas y las estrategias de los hackers se han modificado notablemente.Además, ninguno de los nuevos aparatos dan a los votantes una copia impresa de sus elecciones, lo cual implica que no hay forma de verificar que no haya fraude.

Si algo falla, prácticamente no hay manera de reconstruir el historial de votación.La preocupación aumentó el pasado verano, cuando investigadores de la Universidad Johns Hopkins hallaron que los aparatos de Diebold pueden ser fácilmente alterados por hackers.Alguien podría por ejemplo programar las máquinas para contar dos veces cada voto de un partido.

Filtraciones subsiguientes de documentos de Diebold y sitios en Internet muestran que un hacker podría fácilmente modificar el recuento de votos en el registro central, un factor crucial de la infrastructura de votación que se construyó utilizando una base de datos estándar de Microsoft que ni siquiera requería una clave.Los documentos filtrados incluyen también una nota de un directivo de Diebold que sugiere que hacer cambios a ese software sería tan caro que los funcionarios electorales no se lo odrían permitir.

No resulta sorprendente que Diebold tratara de acallar estas acusaciones mediante demandas contra todos los sitios web que se hicieran eco de los documentos citados.Estos fallos pueden ser interpretados como errores inocentes en la adopción de nuevas tecnologías.

Sin embargo, Diebold, junto con Election Systems & Software (ES&S), controla alrededor del 80 por ciento del mercado estadounidense de aparatos de voto electrónico, y tiene vínculos particularmente fuertes con el Partido Republicano.El CEO de Diebold, Walden ODell, contribuyó personalmente 200.000 dólares al Partido Republicano, y prometió a finales del año 2003 hacer todo lo que pueda para lograr los votos de su estado de origen, Ohio, para el presidente Bush en su pugna por la reelección.¿Fue eso simplemente una elección desafortunada de palabras de un partidario comprometido políticamente? ¿O reflejan móviles siniestros de un hombre con un poder sin precedentes para modificar de hecho el escrutinio?.Harris no tiene ninguna duda.

Ahora sabemos que las máquinas queellos están fabricando para contar los votos no están a salvo del fraude.

Y sumémosle a eso que tenemos una situación en la que todo lo que hay dentro de las máquinas es secreto, no tenemos autorización para ver cómo cuentan los votos.

Así que esto no es una situación aceptable.Sorprendentemente, los favoritos entre los precandidatos del Partido Demócrata se han mostrado hasta ahora reacios a criticar un sistema de votación que parece dar ventaja a los republicanos.

Pero a medida que se acercan los comicios eso podría cambiar.No queremos dar imagen de perdedores incluso antes de la elección, explica el estratega demócrata Bill Rosenberg: Pero puede estar seguro de que miraremos cuidadosamente todas las máquinas de votación.