Ecología Tecnológica

Imagen de Vinício Carrilho Martinez

El artículo presentará sólo una idea inicial, provocativa de lo que llamaremos de Ecología Tecnológica, una perspectiva ecológica, social y humana que no abdica del uso de la técnica, pero que también promueve una crítica al abuso de la tecnología. Se trata de una propuesta que incluya la técnica, el desarrollo tecnológico y la transformación social y humana en el discurso ecológico. Por lo tanto, no se trata de una posición institucional, unilateral, individual y ni siquiera del voluntarismo (amadorismo), pero sí solidaria, orgánica, sistemática, global. Definitivamente, los límites de la ecología están distantes años-luz de cualquier resolución o limitación jurídica (la más simplista) y se presentan interrelacionados a las condiciones socio-metabólicas de la actual estructura de producción, condiciones en que se destacan todo el aporte científico e incremento tecnológico. Por lo tanto, este será el objetivo del texto: proponer un debate que rompa la barrera de la miopía jurídica, política o del voluntarismo. Un debate centrado en el modo de producción de la tecnología y de la ecología global (lo que nos interesa más de cerca), pues que es esta “Ecología Tecnológica” que, de hecho, regula el modo de producción/destrucción de la vida social en la Tierra. En síntesis, este debate acerca de la Ecología Tecnológica busca retratar los medios técnicos, ambientales, políticos, evolutivos, socio-metabólicos que perfilan el modo de producción/destrucción de la vida social, especialmente cuando delante de la degradación capitalista actual y que es prevaleciente y creciente. El esbozo del concepto de Ecología Tecnológica De modo simple y directo, por Ecología Tecnológica se puede definir el conjunto complejo de técnicas, artes y oficios (techné) capaces de modificar/transformar el ambiente natural, social y humano (cognitivo), en nuevas realidades construidas artificialmente. De acuerdo con esta suposición, y como bien sabían los griegos clásicos, la técnica (Techné) no es buena, ni mala, ni neutra – pero política. Por lo tanto, para el bien y para el mal, la tecnología es parte de ese proceso de descubrimiento humano, de su ambiente natural y social, pero también es el arte de modificar sus usos (abusos) y a sí misma, así como aún tratar de transformar el mundo natural en su casa, en un hábitat artificial. Así, una lectura apropiada de la tecnología y del arte técnico es entenderla como “ecología de la técnica”. Esta Ecología Tecnológica debería ocuparse del análisis especulativo y crítica de los usos/abusos de los medios, instrumentos, artes y oficios, empleados al largo de la relación espacio-temporal. Además de investigar los materiales y las condiciones en que fueron utilizados por las incontables sociedades humanas (con más o menos intensidad despectiva) a fin de transformar la realidad natural-original en nuestra casa artificial permanente. la tecnología construye una naturaleza humana artificial y virtual La vida social contemporánea, cuando comparada al proceso de evolución de la especie humana, la lectura se constituyó en un punto de apoyo para la formación del hombre. Se puede decir que nuestra hominización está marcada en la actualidad, en gran medida por la lectura. Las experiencias mostraron que una región del lobo temporal izquierdo del cerebro es fundamental para la lectura, explicó a la EFE el psiquiatra francés Raphael Gaillard [...] "Sabíamos que la región era activada durante el proceso de lectura, pero no que era usada exclusivamente para eso y ni que era necesaria", dijo Gaillard. Los autores del estudio pudieron comprobar la relación analizando un epiléptico en estado grave, al que se tuvo que remover la región para su tratamiento. "Después de la operación, los científicos observaron que el paciente tenía muchos problemas para leer, pero reconocía rostros u objetos sin problemas", explicó Gaillard [...] "El resultado muestra que esta región cerebral es indispensable para la lectura" [...] "Lo sorprendente es que un trazo cultural, como la lectura, muy reciente en términos de evolución e innecesario para la supervivencia de la especie, tenga un espacio específico en el cerebro", comentó Gaillard (UOL, 25/04/2006). Realmente este sería un total estranhamento de la vida natural, pues la escritura es la máxima personificación de los símbolos, de las creencias, de los valores, de los sentimientos y de los sentidos humanos. Además de aproximarse mucho del arte (vide pintura rupestre), la escritura registra los significados o los datos significativos humanos. Por la actividad de la escritura, de esa inscripción humana en el mundo natural, aceleramos definitivamente el proceso de hominización, pero ciertamente a la cuesta de un creciente e implacable desencantamiento del mundo natural. Para el común de la gente, ese desencantamiento del mundo también se reveló lleno de desencanto, como si la naturaleza fuera nuestra enemiga o pudiera ser espoliada en incontables crímenes ambientales. Irónicamente, la misma potencia humanizadora que generó la escritura e inmediatamente después de la conciencia sobre el natural, también se mostró portadora de una racionalidad técnica avasalladora. En la sociedad capitalista, todas las técnicas y aparejos posibles son utilizados contra el estado humano natural y contra la naturaleza. El desencantamiento como desencanto, por lo tanto, sólo consigue promover atentados contra lo que juzga natural, en una ansia inefable por transformar el mundo a la imagen y semejanza del hombre (la robótica es el apogeo de esa práctica de fascinación tecnológica y deificada). Cualquier hombre y toda la naturaleza están al alcance del valor de cambio. Así, una ecología de izquierda debería privilegiar un debate sobre la necesidad de re-encantar la naturaleza y las formas sociales de convivencia basadas en el valor de uso. Una ecología derechista piensa sólo en el uso racional de los recursos, en que se equipara el hombre a los recursos, y como se fuera posible promover un uso/abuso racional del ser humano. Es esta perspectiva que designaremos Ecología “Tecnológica”, en la que se vuelve a pensar nuestra interacción con la naturaleza (sin expoliación, pero sí asociación), con las personas (sin fetichismo y deificación) y con el propio mundo artificial (técnico) o virtual (cibercultura), pues es esta la esencia de la vida humana en la actualidad. Nuestra racionalidad fue tan destacada, elevada al límite que, además de promover todo el desencantamiento del mundo y de nosotros mismos, aún pudimos construir dos realidades sucesivas y distinguidas. La primera vino con la primera artificialidad de la vida, después el mundo natural perdió su encanto y ahora ya vivimos en la realidad virtual. Conclusiones En resumen, creamos primero la realidad artificial (sobrepuesta a la naturaleza) y actualmente nos paramos en la realidad virtual (sobrepuesta a la realidad artificial). Es como si nuestra cultura (cibercultura) tuviera tres coberturas, como se viviéramos tres dimensiones de la misma realidad, tres capas (como una cebolla) de la misma vida humana: el hombre aún es un animal. Vivimos sobre una cultura (natural) y bajo dos otras culturas antepuestas y contradictorias. De ahí la sensación de que el mundo moderno, altamente tecnologizado, provoca sensaciones muy desconexas y perturbadoras – parecidas a las experiencias relatadas en la película 13º piso. En la película 13º piso, el personaje vive bajo una secesión inagotable de realidades virtuales, como se fuéramos a vivir saltando de una realidad, de una piel para otra, del primero al 13º piso y después desciende, y después sube. Vivimos bajo el peso de una sofocación del mundo natural y aunque no haya retorno al mundo idílico de Rousseau y del contrato social capaz de dignificar la vida en común, necesitamos re-inventar la realidad artificial y virtual para conectarlas a las condiciones mínimas de vida. El agotamiento de la desnaturalización y de la racionalización tecnológica nos llevó a abandonar todo que era natural (como si esto fuera caipira) y qué a nosotros mismos, pues, como animales sociales y políticos, ahora queremos dejar de ser humanos. La robótica, vale insistir, es el ejemplo claro de eso, pero también la clonación, la mejoría genética. Ahora, prestemos atención a la expresión y que hablará por si mismo de lo que vinimos discutiendo: mejoría genética. Primero mejorar la combinación genética de los animales, por medio de técnicas purificadas, de las especies donadas por la naturaleza. Después, del propio hombre, para que se cree el superhombre, superior a la naturaleza, a los límites humanos heredados de millones de años de evolución. Tampoco cuesta preguntar: ¿no era eso lo que quería el nazismo con todas las experiencias médicas y genéticas de Josef Mengele? Dígase de pasada, Mengele era doctor en filosofía y en letras, y también en medicina. Esto es parte del dilema mayor que enfrentamos hoy día. ¿Como proyectar una perspectiva ecológica, social y humana que no abdica del uso de la técnica, pero que también promueve una crítica al abuso de la tecnología? ¿Cómo vivir en este mundo, entre el natural y el virtual, bajo dos realidades distinguidas, contradictorias, pero conexas? Estos serían los fundamentos de esto que aquí apodamos Ecología Tecnológica.