El trasfondo del voto electrónico: el régimen democrático.

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Durante los últimos años el tema del voto electrónico ha comenzado a ocupar lugares cada vez más importantes en los discursos políticos. En esta ocasión propongo que analicemos los principales “motivos” que insisten en un rápido diagnóstico y nos auguran no demorarnos demasiado en aplicar las nuevas tecnologías. Luego de razonar si son realmente necesarias este tipo de decisiones, vemos que la discusión que realmente suele estar presente, aunque de fondo, es el tema de la democracia. ¿Cómo mejorarla? ¿Cómo controlar más a los representantes? ¿Cómo garantizar elecciones limpias? ¿Cómo afianzar una verdadera relación entre gobernantes y gobernados?... Son preguntas de fondo que no suelen plantearse los que buscan aplicar un nuevo sistema electoral, sin plantear el tema del régimen electoral en sí.
 
Los motivos a favor.
Alcanzar una mayor transparencia
El tema de la transparencia va más allá de la elección en sí. Pero tengamos en cuenta que todo, en un sistema democrático indirecto, empieza en la elección de representantes. Tal como estamos en la actualidad existen mecanismos para corromper el proceso de selección de candidatos. Mucho pasa dentro de las escuelas: en las urnas. Pero pasa bastante más por fuera del “cuarto oscuro”. Si bien es posible que ocurra, no suele ser demasiado posible en cuanto a grandes extensiones territoriales. En cuanto a buscar transparencia, el tema de auditar una elección realizada con voto electrónico se vuelve casi siempre imposible (o siempre).
 
Seguridad y celeridad en los mecanismos destinados a la elección de nuestros representantes.
Celeridad: supongo que la ansiedad de los candidatos debe ser muy difícil de sobrellevar, sin embargo, no es necesario que tengamos el resultado de una elección apenas cierren las mesas si después de todo no es tan confiable el resultado. Ahora si de lo que hablamos es de «celeridad» dentro del proceso electoral podríamos decir que sí, que las elecciones tendrán resultados más rápido. Pero el proceso será mucho más agitado , pues en imaginar 30 millones de personas aprendiendo a utilizar este sistema de una vez (y en un mismo día) no parece existir ningún indicio de celeridad posible. Las pruebas en Républica Dominicana demostraron que casi la totalidad de los votantes necesitaron algún tipo de auxilio para ejercer el sufragio.
Seguridad: en caso de ser vía red telefónica supongo que la seguridad de los datos es prácticamente inviable.
 
Demanda de la sociedad civil, que reclama nuevos métodos de votación, capaces de garantizar un importante avance tecnológico y un considerable ahorro de costos en el proceso comicial, es decir, la consolidación de una sistema electoral austero y eficaz.
No parece ser muy razonable cambiar cartones, papeles, lapiceras y sobres por máquinas con la última tecnología traídas de España o de Estados Unidos o de donde sea. Creo que la Sociedad Civil cuando reclama un ahorro de costos en lo que menos haría incapié es “en el” proceso comicial, sino lo que se gastó “antes” del proceso comicial (campañas políticas, viajes al extranjero, etc...).
 
Participación ciudadana.
La participación ciudadana pasa a ser casi nula en cuanto al tema de auditorar las mesas. Si hablamos de participación ciudadana en cuanto a asistir a las elecciones la gran posibilidad es que nos equivoquemos en cuanto a lo que este tema se refiere. Muchos se sentirán excluidos por tener que utilizar teconologías que no entienden del todo, abriendo un poco más la brecha social entre los que pueden acceder o no a un sistema más o menos informatizado.
 
Algunas conclusiones
Primero, supongo que es inevitable, el cambio se da y no se puede evitar. Sin embargo, a pesar de los cortos tiempos que nos dejan para digerir con la tranquilidad necesaria algunos temas, creo que debemos buscar entre las mejores opciones, tal como los sistemas de voto electrónicos mecánicos. Otra idea puede ser juntar un grupo de ingenieros, diseñadores, politólogos, sociólogos y diseñar un sistema que sea acorde a nuestra realidad. Pensar en darle a un privado el poder de velar por nuestras elecciones parece algo demasiado arriesgado. Quizás planteado desde abajo hacia arriba el cambio no sea tan brusco.
Por último y retomando el discurso instaurado, con sólo unos minutos de pensar en estos puntos: Alcance una mayor transparencia; seguridad y celeridad en los mecanismos destinados a la elección de nuestros representantes; la consolidación de una sistema electoral austero y eficaz y la participación ciudadana; no puedo dejar de considerar que no lo discutiría desde el lado del voto electrónico tal como está propuesto la mayoría de las veces. La transparencia de un sistema, la seguridad y celeridad, la austeridad y eficacia y la participación ciudadana deben ser características fuertes de un sistema democrático en todos sus aspectos. Pensar en una democracia con elecciones “limpias, bonitas y prolijas” no nos solucionará las inconsistencias del sistema democrático en sí.