LA INFORMACIÓN Y SU GESTIÓN EN LAS ADMINISTRACIONES PÚBLICAS: TESTIMONIOS Y CUESTIONES CLAVES

INTRODUCCIÓN

En una nota anterior nos referimos al Chief Information Officer (CIO) (*) Estatal, manifestando que el pronunciado sesgo tecnológico que exhibe dicho cargo en nuestras latitudes, parece estar obnubilando cuestiones fundamentales relativas a la información, su gestión y su interpretación.

Las herramientas TIC extienden pero también acotan y condicionan nuestras representaciones de la realidad de una manera que no siempre, ni en todas las dimensiones, resulta beneficiosa. Es el sentido y la significación informacional de esas nuevas representaciones -a los fines interpretativos y decisorios- lo que determina la calidad de los resultados del cambio: beneficios, perjuicios; evolución, involución.

El acentuado sesgo tecnológico de los CIO –con la consecuente distorsión, mutilación y truncamiento de la realidad percibida y registrada- resulta particularmente disfuncional en el sector estatal, dada su responsabilidad por la generación, gestión e interpretación de información imprescindible para el desarrollo de las respectivas sociedades y de las personas que las integran.

Hoy puede percibirse que el foco del CIO centrado en la tecnología des-focaliza cuestiones centrales de la información estatal y de su gestión, desviando su atención –por ejemplo- de aspectos claves del quehacer institucional, del marco organizativo que condiciona el accionar, de la gestión sustancial de la información, de cuestiones elementales de beneficio-costo, de las interferencias y escollos en los procesos; de las necesidades, expectativas, limitaciones y resistencias de los diversos perfiles de destinatarios; de las prioridades de transformación, de las oportunidades de mejora, de la dinámica social vinculada a redes y comunidades internas y externas, de la interacción con otras organizaciones, o del contexto político, económico y social que afecta la generación, implementación y evaluación de iniciativas informativas.

Tales omisiones propician la supervivencia –si no la agudización- de la tradicional problemática GIGO (Garbage In, Garbage Out) en nuestras Administraciones, la cual podría –además de vulnerar la concreción de las promesas de las Sociedades de la Información y del Conocimiento (SIC), del Gobierno Abierto (GA) y de las TIC para el Desarrollo- sumirnos en un estado de letargo informacional con saturación tecnológica.

Los testimonios vertidos en un reciente encuentro regional de CIOs son elocuentes respecto de la necesidad de inducir y promover una transformación sustancial en el posicionamiento y en la misión del CIO Estatal.

1.- EL ESCENARIO

El 19/05/2011 se realizó en el Hotel Marriott Plaza de Buenos Aires el Encuentro Regional de Líderes TIC del Sector Público, organizado por la Agencia de Sistemas de Información (ASI) de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) y por Usuaria.

Dicho encuentro tuvo por objetivo “analizar los principales desafíos que enfrentan los CIO de las administraciones subnacionales para dotar a sus sistemas informáticos de los niveles de eficacia, eficiencia, control interno y transparencia necesarios para el correcto desempeño de la gestión de gobierno”.

La Sesión Plenaria 1, que reunió a unos 300 asistentes (con relevante participación de CIOs e informáticos) estuvo referida a los desafíos TIC en las administraciones públicas, actuando como panelistas Jorge Linskens (JL) Director Ejecutivo de la ASI de la CABA, y Eduardo Thill (ET) Subsecretario de Tecnologías de Gestión de la Jefatura de Gabinete de Ministros del Gobierno Nacional. El objetivo del panel fue presentar los principales dilemas, desafíos y problemas que dificultan el gerenciamiento de TIC en los gobiernos subnacionales.

La sesión se desarrolló a través de un fluido diálogo entre los calificados panelistas, con posiciones críticas y resilientes (¡¡vamos que se puede!!), vertiéndose valiosas referencias que procuramos reseñar en la siguiente sección.

2.- RESEÑA DE REFERENCIAS

A continuación procuraremos reseñar algunas referencias de los panelistas (JL y ET) acerca de la gestión informativa en las administraciones públicas.

a. Dificultad para mantener aciertos
En el sector informático estatal son fundamentales el compromiso y la motivación para que la cosas pertinentes y bien ejecutadas sean preservadas y mejoradas a través de los sucesivos cambios, y no “tiradas a la basura” como ocurre frecuentemente.(JL y ET)
Los elencos políticos no son útiles para ese fin, dado que son “fusibles”. El compromiso y la motivación deberían estar corporizados en los jefes y el personal estable de las dependencias, que son quienes permanecen. (ET)

b. Promoción de la discrecionalidad
Las notorias limitaciones en los procesos de control y evaluación practicados en nuestras administraciones públicas estimulan y apañan la improvisación y la discrecionalidad, favoreciendo a quienes “gastan a lo pavote”. (JL)
En vez de premiar a aquellos que -con esfuerzo por el ahorro genuino- logran concretar las metas sustantivas gastando menos de lo presupuestado, se los suele tildar de “subejecutores”, equiparándolos así con quienes no ejecutan el gasto presupuestado incumpliendo sus metas sustantivas (“todo es igual, nada es mejor …”). (JL)

c. Insuficiente atención a la relación beneficio-costo
Es frecuente que se realicen cuantiosas inversiones y gastos en recursos informáticos sin tener en cuenta la magnitud de los beneficios previsibles. Al respecto se señalaron casos de desarrollos e implementaciones que costaron miles de veces más que los beneficios previsibles y resultantes en términos de interés ciudadano, con auténtica dilapidación del “dinero del pueblo”.(JL)
Uno de los panelistas (JL) adjudicó la responsabilidad por tal dilapidación a los responsables políticos de las dependencias, por no haber advertido oportunamente a los respectivos CIO que lo que buscaban era “espectáculo”. Si lo hubieran hecho, los CIO habrían podido armar toda la “vidriera” y el “espectáculo” requerido por los políticos sin necesidad de incurrir en inversiones y costos netamente irracionales en relación a los beneficios obtenidos.

d. Resistencia a compartir
Un factor primordial que atenta contra la efectividad reside en la tendencia de los responsables de informática a confinarse en sus propios ámbitos y responder exclusivamente a las demandas y condicionamientos impuestos por sus jefes de turno, con una notoria resistencia a compartir y a coordinarse con otras áreas o dependencias de la administración pública. (ET)
Ante cada propuesta de compartir datos o aplicaciones, todos suelen coincidir expresamente en las buenas intenciones, pero tambièn -tácitamente- en la pertinencia de poner las cartas debajo de la mesa, para no dejar al descubierto las cosas que se hicieron y que se hacen mal (ET) (“entre bomberos no vamos a pisarnos las mangueras”). Se señaló la prioridad de proceder a un paulatino sinceramiento, dado que la inercia del aislamiento y la fragmentación agrava sucesivamente el estado de cosas (ET).

e. Los focos de atención del CIO
Los focos de atención y una parte sustancial de la energía de los CIO se canalizan hoy hacia una pulsión por comprar y comprar, con la consecuente obsesión por los expedientes de adquisición de equipamiento y software, así como las consiguientes frustraciones por los requisitos, restricciones y demoras emergentes de los procedimientos.(JL)
Algunos CIOs parecen focalizar su atención, más que en mejorar procesos, en exigir certezas pretendidamente imprescindibles para poder planificar o en reclamar recursos que suponen que deberían tener y no tienen. (JL)

f. Dificultad para evolucionar
Una parte significativa de las dependencias exhiben un estado informativo estacionario debido a su insuficiente disposición para tratar problemas básicos y crónicos, junto a una notoria propensión a buscar mecanismos para eludir, zafar o sobrevivir con los problemas. (ET)
Si bien hablamos permanentemente de las “presiones” que el Gobierno Electrónico “impone” a la gestión de los organismos y del conjunto de las administraciones públicas, cabe preguntarnos: ¿Dónde está la famosa “ventanilla única” que venimos prometiendo desde hace casi veinte años? ¿Dónde quedaron las mentadas maravillas del Gobierno Electrónico? ¿Dónde está la interoperabilidad de aplicaciones y sistemas? ¿Dónde está el acoplamiento sincrónico entre aplicaciones? ¿Dónde está la actualización en tiempo real de distintas bases de datos?¿Dónde está la proclamada “transparencia” en las contrataciones públicas?¿Qué representa lo que producimos en relación a las necesidades, demandas y expectativas de los destinatarios?.(ET)

3.- POSIBLES INFERENCIAS

Con base en las referencias reseñadas puede inferirse la existencia de diversos factores críticos de interferencia aún no suficientemente considerados en la faz informacional de nuestras administraciones públicas. Uno de esos factores críticos parece residir en que se estarían delegando cuestiones fundamentales de la información pública y de su gestión en los denominados “CIO” –supuestos Ejecutivos de la Información- mientras que éstos se posicionan sólo como responsables de Tecnologías de Información (TI).

Los responsables de TI suelen contemplar al mundo con una visión distinta a la de los funcionarios y la del resto de los mortales. Sus actitudes, perspectivas y lógicas están determinadas por un “chip” propio y sustentadas en cierta omnipotencia y esnobismo emergente de la creciente potencia de las tecnologías que manejan.

El haber delegado las cuestiones de la información y de su gestión en personas que contemplan y procesan la compleja realidad de las organizaciones públicas y del conjunto del Estado en términos de tecnologías informáticas nos conduce a una degradación de dos espacios fundamentales:

a. La información
Mientras incorporan tecnologías de creciente potencial, nuestras administraciones públicas exhiben enormes lagunas, fragmentaciones, redundancias y contradicciones informativas, manifestándose un estancamiento -si no una degradación- de la calidad de la información (relevancia, pertinencia, significación, veracidad, exactitud, oportunidad) en diversos sectores.
En lo interno, las notorias limitaciones en la información utilizada contribuyen a estimular y apañar la improvisación y la discrecionalidad, desestimulando la eficiencia, la efectividad y cualquier intento de evaluación sustancial. Respecto de la información dirigida a la sociedad, la consideración de los cuestionamientos supera los alcances de esta nota.

b. La gestión de la información
La cuestión de la gestión de la información, con especificación de la lógica, las fuentes, los canales y los procesos para generar y hacer llegar la información a los destinatarios pertinentes, ha quedado relegada en las políticas y reglamentos de las administraciones públicas.
Frente a la vasta, compleja y dinámica realidad de las administraciones públicas, las denominadas “ciencias de la información” (biblioteconomía, archivística y documentación), así como la lingüística, la terminología y la pretenciosa “gestión del conocimiento” enfrentan notorias dificultades para aplicar sistemáticamente sus taxonomías, ontologías, semiologías, tesauros, índices, catálogos y clasificaciones. Hoy son los técnicos informáticos quienes usan algunas de esas herramientas en el marco de su peculiar visión de la realidad.
Los conocedores del “negocio” de las administraciones públicas en sus distintos sectores –por ejemplo: salud, educación, seguridad, asistencia social- suelen experimentar recelos para delegar la gestión de información bajo su responsabilidad, temiendo una degradación de la calidad. Algunos manifiestan cierta nostalgia por la virtual desaparición del ya legendario Analista de Organización y Métodos, que -al menos- se ocupaba de relevar requerimientos de información, diseñar los procesos y cristalizarlos en procedimientos.

Por nuestra aparte apreciamos que la supremacía fáctica de la perspectiva tecnológica no respondería a afanes hegemónicos de los CIO, sino a un manifiesto déficit de atención -en las administraciones púbicas- en materia de requerimientos informativos, calidad, interpretación y gestión de la información.

Cabe reconocer, sin embargo, que esas cuestiones se degradan y desintegran al quedar supeditadas a la lógica de las tecnologías de procesamiento. Los técnicos y proveedores informáticos suelen proponer “soluciones” tecnológicas como panacea para superar –por sí mismas- problemas informativos de las administraciones públicas, constituyéndose así en parte sustancial del problema al inducir confusión entre el qué, el cómo, el cuándo y la herramienta.

Con base en indagaciones informales, hemos agrupado en las siguientes categorías a los actuales CIO en función de sus percepciones acerca de la necesidad (o exigibilidad) y la utilidad de adoptar una perspectiva informacional (sustancial) por encima de la informática (herramental): a) reacios, b) deficitarios, c) protocolares, y d) suficientes.

Los “reacios” están convencidos de que lo que cuenta, a los fines prácticos, son las soluciones informáticas, percibiendo que la perspectiva informacional no interesa a nadie, dado que nadie la exige y no es útil.

Los “deficitarios” perciben que -si bien no suele exigirse- la perspectiva informacional sería útil para aumentar la calidad de las prestaciones y las decisiones, si se dispusiera del tiempo y de los recursos requeridos para ejercerla.

Los “protocolares” perciben que, como siempre es posible que aparezca algún auditor pidiendo la “documentación” de los sistemas, es conveniente cumplir formalmente con ciertos “rituales” de la perspectiva informacional.

Los “suficientes” perciben, quizás por insuficiente conocimiento, que prestan suficiente atención a la perspectiva informacional en sus actuaciones cotidianas.

Como puede apreciarse, la única categoría -entre los actuales CIO- que exhibiría cierta propensión hacia el ejercicio de la perspectiva informacional (sustancial) como deterrminante de la informática (herramental) es la de los “deficitarios”, que afortunadamente parece ser numerosa. Por su parte, los “reacios” la perciben como innecesaria e inútil, mientras que los “protocolares” y los “suficientes” aprecian que –a su modo- ya la estarían ejerciendo a través de sus propios recaudos y procedimientos.

Este predominio de categorías no propensas a aceptar la necesidad y utilidad de una perspectiva informacional (sustancial) por encima de la tecnológica (herramental), parecería corroborar la difundida sentencia de Marshall McLuhan señalando que -operacional y prácticamente- el medio es el mensaje. Parece considerarse normal que -por encima de los propósitos del emisor y de los requerimientos del receptor- quien gestiona el canal condicione –a través de las tecnologías- el contenido informativo de los mensajes presentes y futuros.

Por nuestra parte –y en sentido contrario a esa supuesta corroboración fáctica- propugnamos la prioridad de rescatar y resaltar la debida primacía volitiva de los propósitos del receptor y del emisor, de sus requerimientos y de la calidad del contenido informativo como determinantes de la tecnología por seleccionar, y no de la tecnología seleccionada como condicionante de lo anterior.

Para tal fin consideramos fundamental la formación de Ejecutivos de Información que reúnan las capacidades para un auténtico ejercicio de las competencias atinentes a la información y su gestión, por encima de las tecnologías de procesamiento y transmisión. A través de sus roles, deberán ejercer un nítido liderazgo informacional que provea rumbo, confianza, estímulos e incentivos para valorizar y compartir información –con adecuados sistemas- superando las actuales “islas” que condenan a nuestras administraciones públicas a un estado de crónica precariedad y endeblez informativa, interpretativa y decisoria.

(*) Tesoro, J.L.: “La misión informacional del CIO estatal en Iberoamérica”, 23/01/2011. También en esta nota optamos por mantener la denominación en inglés “Chief Information Officer (CIO)”, dada su vasta difusión en nuestros países.