INSTAURACIÓN DE LA INFORMACIÓN SUSTANTIVA EN LAS ADMINISTRACIONES PÚBLICAS
INTRODUCCIÓN
Esta nota tiene por objetivo delinear un panorama de: a) las perspectivas informacionales dominantes en las administraciones públicas de América Latina, y b) la prioridad de difundir e instaurar una perspectiva que, pautada por la información sustantiva, promueva un espacio para integrar armónicamente los genuinos aportes de las diversas perspectivas informacionales.
En relación al último aspecto, se procura contribuir a instaurar un enfoque que –con una clara visión de los escenarios de la realidad, de la razón de ser y de las estrategias sustantivas de las organizaciones públicas- permita integrar las distintas perspectivas informacionales relevantes -por ejemplo: la política, la jurídica, la técnica, la reglamentaria, la presupuestaria, la comunicacional y la informática- con adecuado equilibrio y sinergia para satisfacer las necesidades y expectativas informativas de toda la gama de legítimos destinatarios.
En relación a las administraciones públicas, en esta nota usaremos la expresión “gestión sustantiva” para referirnos a los procesos asociados directamente a la misión de cada institución y a las prestaciones que debe proveer a los legítimos destinatarios de su accionar. De manera consistente, denominaremos “información sustantiva” a la información referida a la gestión sustantiva de cada institución.
Cabe señalar que nuestro análisis resalta rasgos, limitaciones y sesgos de las actuales perspectivas predominantes que pueden manifestarse en diferentes grados y matices en las distintas organizaciones públicas de la región.
1.- LAS PERSPECTIVAS INFORMACIONALES EN LAS ORGANIZACIONES PÚBLICAS
Las organizaciones son, por su propia condición de construcciones humanas, ámbitos donde reinan la complejidad y las paradojas, en los cuales no existen equilibrios estáticos, sino sucesivos equilibrios inestables y dinámicos donde las demandas satisfechas en un sentido generan detrimentos y reclamos en otros. Como consecuencia, administrar es gestionar complejidad, dando respuesta -dinámicamente- a demandas de diverso sentido y tenor.
En esta nota destacamos, como problema crítico de las administraciones públicas, la paulatina desvalorización de la perspectiva sustantiva, con manifiesta desatención de los requerimientos del conjunto de actores, destinatarios, procesos, canales y flujos de información asociados a la adopción de decisiones, a la prestación de servicios y al control y evaluación del accionar sustancial de las organizaciones.
De acuerdo con Manuel Castells (Castells, 1995) el término “informacional” denota una forma específica de organización social en la cual la generación, procesamiento, utilización y transmisión de información son fuentes fundamentales de productividad y poder. Desde esta perspectiva puede afirmarse que: a) tras toda arquitectura informacional yace una estructura de poder, y b) la cuestión informacional se asocia a la distribución y al ejercicio del poder entre distintos actores de una comunidad.
El desarrollo de las personas, organizaciones y comunidades está significativamente condicionado por la información que difunden, omiten, ocultan, eluden o distorsionan las administraciones públicas, los gobiernos, las instituciones educativas y los medios informativos. Todo ello en la medida en que inducen o inhiben determinadas percepciones, lógicas o expectativas, a través de una arquitectura informacional emergente –implícitamente- de la estructura de poder.
En su reciente obra Comunicación y Poder, Castells (2009, 24) señala -como hipótesis de trabajo- que la forma esencial del poder reside en la capacidad para moldear las mentes, dado que la forma en que sentimos y pensamos determina nuestra manera de actuar, tanto individual como colectivamente. La capacidad para lograr el consentimiento o al menos para instilar temor y resignación respecto al orden existente es fundamental para imponer las reglas que gobiernan las instituciones y organizaciones de la sociedad. Y en todas las sociedades esas reglas representan las relaciones de poder incorporadas en las instituciones como resultado de los procesos de lucha y compromiso entre actores sociales enfrentados que se movilizan por sus intereses -bajo la “bandera” de sus valores- entre la reproducción de lo vigente y la producción del cambio. Si la batalla primordial para definir las normas de la sociedad y su aplicación a la vida diaria gira en torno al moldeado de la mente, el proceso de comunicación es fundamental en esa lucha, dado que influye decisivamente en la forma de construir y desafiar -a través de la práctica informacional- las relaciones de poder en todos los campos de las prácticas sociales.
2.- LA SUBORDINACIÓN DE LA GESTIÓN Y DE LA INFORMACIÓN SUSTANTIVA
Por nuestra parte apreciamos que la perspectiva informacional sustantiva, como factor condicionante de la calidad de la gestión sustancial de las instituciones públicas, resulta hoy subordinada y obnubilada por –al menos- cuatro perspectivas dominantes que denominaremos: a) “politocrática”, b) “presupuescrática”, c) “comunicrática”, y d) “informaticrática”.A continuación procuraremos delinear una breve caracterización de dichas perspectivas
a.- La perspectiva politocrática (seudo-política)
Visualiza a la totalidad de las instituciones integrantes de las administraciones públicas como instrumentos a disposición del elenco gobernante para satisfacer sus antojos y como botín para gratificar a grupos leales, aliados o alineados. Como consecuencia, se considera natural exigir que las organizaciones públicas respondan a las expectativas “politocráticas” por encima de sus misiones específicas; por ejemplo, incorporando adeptos a sus cuadros directivos, gerenciales y a sus plantas de personal, adoptando decisiones con criterios partidarios o cediendo recursos para destinos ajenos a su misión.
Dado que las agendas politocráticas tienen preeminencia sobre las agendas sustantivas de las organizaciones, la gestión es débil y también lo es el control sustancial sobre los procesos, productos y resultados sustantivos. La información relevante aquí es la asociada a la dinámica de las fuerzas politocráticas y sus operadores, junto con sus imposiciones y expectativas, dado que con esos criterios será evaluado el desempeño de cada institución y el de sus elencos directivos y gerenciales.
Los “operadores politocráticos” son aptos para cumplir con los imperativos impuestos desde sus cúpulas. Dada la frecuente confusión que se manifiesta en varios de nuestros países al asimilar al Estado con el gobierno y a éste con la facción gobernante y sus grupos leales y aliados, los niveles superiores de cada organismo tienden a privilegiar los intereses polítocráticos sobre las políticas y los modelos de gestión requeridos por la misión organizacional legalmente consagrada.
b. Laperspectiva presupuescrática (presupuestista o seudo-presupuestaria) Visualiza a las instituciones integrantes de las administraciones públicas como entes que, por encima de su misión, están regidos por una lógica presupuestista determinada por su peso relativo en los criterios de asignación de recursos. Por ejemplo, se percibe como natural que ciertos entes “favoritos” o que operan como “cajas” dispongan de asignaciones cuanti-cualitativamente privilegiadas en relación a los demás, con prescindencia de sus respectivas misiones.
La gestión sustantiva se ve así sometida a imposiciones y sesgos emergentes de una lógica relativamente ajena –la presupuestista- que determina la efectiva viabilidad de cada institución y la supervivencia de sus plantas, recursos y atribuciones.
Los “servidores presupuestistas” son especialistas en formular y negociar presupuestos y en administrar las correspondientes partidas con relativa abstracción de la misión y de la lógica de sus programas, aun cuando se sometan a rituales residuales de una añosa lógica de “presupuesto por programas” que en ningún momento tuvo vigencia real.
No existe aquí preocupación por disponer de metas e indicadores de desempeño en relación a la misión, los objetivos y las estrategias “nominales” de cada organización, dado que la cuestión central, desde esta perspectiva, se concentra en ejecutar el presupuesto asignado de la manera más equilibrada posible (sin sub-ejecutar ni sobre-ejecutar), con prescindencia de los arbitrios de su formulación y de su ejecución.
c.- La perspectiva comunicrática (o seudo-comunicacional)
Focaliza en construir y difundir relatos más que en proporcionar información sustantiva sobre la realidad de las instituciones públicas y su accionar. En relación a esta perspectiva, el economista alemán Max Otte (Otte, 2010) señala que, pese a la inmensa cantidad de información hoy disponible, estamos más desinformados que nunca y cercanos a una forma de sometimiento neo-feudal, a través de repertorios de desinformación que desfiguran la realidad a través de datos falsos y de mensajes engañosos diseñados deliberadamente para aturdir, atontar y manipular. Se atribuyen a las instituciones, o a sus productos y servicios, cualidades que no tienen; se oculta información o se ofrecen descaradas quimeras como información veraz. Con la óptica propuesta por Otte podemos ver cómo dependencias que exhiben cotidiana indolencia o menosprecio por los destinatarios de sus prestaciones, son presentadas como instituciones éticas, íntegras, responsables, serviciales, transparentes, eficientes, eficaces, efectivas, equitativas, justas y confiables; cual heroicos paladines que nos “brindan” servicios “óptimos” con denodado afán solidario y a los cuales debemos -como usuarios cautivos- rendir pleitesía.
Los “relatores comunicráticos” son expertos en construir y difundir símbolos y relatos para proyectar identidades e imágenes institucionales favorables, en captar expectativas y factores de satisfacción de diversos “públicos”, así como en inducir percepciones que promuevan cierta legitimación –o al menos una pacífica resignación- en relación a la gestión de las instituciones públicas.
Dado que la narración es aquí más relevante que los hechos y las acciones sustantivas, la atención de los relatores resulta sesgada hacia aquello que las autoridades desean enunciar en sus discursos, difundir en los medios de comunicación o “colgar” en los sitios web institucionales.
d.- La perspectiva informaticrática (o seudo-informática)
Procura persuadir a funcionarios y ciudadanos de que las herramientas informáticas son la panacea para “optimizar” la gestión pública, dado que -por sí mismas- inducen eficiencia, efectividad, calidad, racionalidad y transparencia. Por nuestra parte, bien conocemos los efectos de esta falacia y sabemos que las herramientas informáticas contribuyen a extender pero también a acotar y condicionar nuestras representaciones de la realidad de una manera que no siempre, ni en todas las dimensiones, resulta beneficiosa para su interpretación y cabal comprensión. El sentido y la significación de esas representaciones -a los fines interpretativos de la decisión, la prestación de servicios, el control y la evaluación- es lo que determina los resultados del cambio, sean éstos beneficios, perjuicios; evolución o involución.
Los “oficiantes informaticráticos” integran comúnmente la cofradía de los denominados “Chief Information Officer (CIO)”, lo que no implica encuadrar a todo CIO en la referida categoría de oficiantes. Cabe señalar, sin embargo, que los CIO –supuestos Ejecutivos de la Información-se posicionan hoy sólo como responsables de Tecnologías de Información y Comunicación (TIC), exhibiendo peculiares actitudes, perspectivas y lógicas determinadas por la vertiginosa evolución y creciente potencia de las tecnologías que manejan.
Respaldados por técnicos y por proveedores informáticos, los referidos oficiantes suelen proponer “soluciones” tecnológicas como panacea para superar –por sí mismas- problemas informativos de las administraciones públicas. Su sesgo tecnológico –con la consecuente distorsión de la realidad percibida y registrada- suele proyectarse a la gestión de la información sustantiva, resultando particularmente disfuncional para la interpretación de información imprescindible para el desarrollo de las respectivas sociedades y de las personas que las integran.
e. Otras perspectivas señeras
En el complicado devenir de las administraciones públicas, las organizaciones suelen transitar circunstancias que inducen también otras perspectivas informacionales.
Por ejemplo, es frecuente apreciar el tradicional predominio de la perspectiva “normatocrática” o “reglamentarista”, que privilegia la información acerca del encuadre normativo-reglamentario del accionar institucional por encima de la información sustantiva acerca de los resultados de dicho accionar.
También mantiene cierto predicamento en algunas organizaciones la perspectiva “tecnocrática”, que tiende a priorizar aspectos tecnológicos por encima del alcance, calidad y economía de los servicios que deben prestarse.
Por otra parte, cuando se crean o reformulan determinadas organizaciones, por encima de los aprestos organizativos para encarar la misión sustancial, suele tornarse señera la perspectiva “juridicista” para dotar a la entidad naciente o reciclada de los mayores niveles de autarquía normativa, económica y financiera, liberándola de posibles condicionamientos a la “discrecionalidad requerida”.
En ciertos escenarios críticos pueden adquirir cierta efímera centralidad, por ejemplo, la perspectiva “auditorista” para exhibir, ante presiones sumariales que salen a la luz pública, vedados informes de auditoría (“nosotros lo advertimos en su momento”), o la “transparentista”, donde difundir intrincados informes de “rendición de cuentas” y nóminas de compras, gastos y retribuciones se torna más importante que mostrar una razonable gestión sustantiva.
3.- EL CONCURRENTE ESTANCAMIENTO DE LAS PERSPECTIVAS PREVALECIENTES
Hoy puede percibirse que la confluencia –dogmática y litúrgica- de las perspectivas “polítocrática”, “presupuescrática”, “comunicrática” e “informaticrática”, entre otras, en la gestión informativa de nuestras administraciones públicas des-focaliza cuestiones centrales de la información sustantiva y de su gestión. Por ejemplo, desvía la atención de la realidad de los escenarios de su accionar, de la misión y de la gestión sustancial de las organizaciones, de los marcos político-institucional y administrativo-organizacional que condicionan su accionar, de cuestiones elementales de beneficio-costo, de las interferencias y escollos en los procesos; de las necesidades, expectativas y limitaciones de los legítimos destinatarios; de las prioridades de transformación, de las oportunidades de mejora, de la dinámica social o del contexto político, cultural, social y económico que afecta a la gestión sustantiva.
Un factor agravante de la referida des-focalización de la perspectiva sustantiva reside en el hecho de que las perspectivas dominantes se despliegan en dimensiones y ámbitos relativamente escindidos, con criterios disímiles e inhibitorios de potenciales sinergias (JGM-SAGP, pp. 95-97), lo que propicia la creciente agudización- de la tradicional problemática GIGO (Garbage In, Garbage Out) en nuestras administraciones públicas, la cual podría sumirnos en un estado de letargo informacional sustantivo con saturación politocrática, juridicista, tecnicista, reglamentarista, presupuestista, comunicrática e informaticrática.
Por nuestra parte apreciamos que la supremacía fáctica de las referidas perspectivas en nuestras administraciones públicas no respondería a afanes hegemónicos de los respectivos oficiantes, dado que ello implicaría prácticamente un parasitismo suicida. Más bien percibimos que podría responder a un plexo cultural gobierno-céntrico que históricamente viene desplazando a la perspectiva informacional democrática, desvalorizando a los ciudadanos como genuinos destinatarios del quehacer gubernamental, con una manifiesta desatención de sus necesidades, intereses y expectativas.
Sin embargo, las referidas perspectivas gobierno-céntricas, junto con sus respectivos oficiantes y sus cofradías, se constituyen hoy en parte sustancial del problema al inducir confusión entre fines, medios y herramientas; entre los qué, los por qué, los para qué, los cómo, los cuánto, los para quiénes, los cuándo y los con qué. Las cuestiones sustantivas de las instituciones públicas se degradan y desintegran al quedar supeditadas a lógicas ajenas a las necesidades, intereses y expectativas de los legítimos destinatarios de las prestaciones sustantivas y de los usuarios de la información pertinente, tanto internos (decisores, ejecutores, controladores, evaluadores) como externos (órganos fiscalizadores, ciudadanos, organizaciones civiles, empresas).
La tácita delegación de las cuestiones de la información y su gestión en personas que contemplan y procesan la compleja realidad de las organizaciones públicas con perspectivas ajenas a la realidad de los ciudadanos y sus necesidades –en confluencia con otros factores político-institucionales y administrativo-organizacionales- conduce a una degradación de tres espacios fundamentales:
a. La información
Mientras cumplen sumisamente con los arbitrios de las cúpulas político-burocráticas y con los rituales juridicistas, reglamentaristas y presupuestistas; mientras construyen edulcorados relatos e incorporan avanzadas tecnologías, nuestras administraciones públicas exhiben enormes vacíos, fragmentaciones, redundancias y contradicciones informativas, manifestándose una creciente degradación de la información sustantiva.
En lo interno, las notorias limitaciones en la información sustantiva (en términos de veracidad, significación y oportunidad) apañan la improvisación y promueven un grado de discrecionalidad que desalienta la eficiencia, la efectividad y cualquier intento de evaluación sustancial. Por otra parte, al no visualizarse evidencias de líneas de acción fundadas en una racionalidad estratégica que supere al efímero “antojo”, se propicia el “borrón y cuenta nueva” por cada cambio de autoridades.
Respecto de la información dirigida a la ciudadanía, la consideración de los cuestionamientos -en la mayor parte de nuestros países- supera los alcances de esta nota.
b. La gestión de la información
La cuestión de la información sustantiva y su gestión ha quedado relegada en las políticas, programas y reglamentos de las administraciones públicas. A pocos parece interesar la especificación de los requerimientos informativos de diversos destinatarios, la lógica informacional, las fuentes, los canales y los procesos para generar y hacer llegar la información sustantiva a los destinatarios pertinentes. En algunos casos, ni siquiera parece interesar a los mismos destinatarios, dado que su quehacer es juzgado con criterios ajenos a la calidad sustantiva de su gestión.
Frente a la vasta y compleja realidad de las administraciones públicas, cualquier intento de representación sistémica –a los fines informacionales- enfrenta relevantes desafíos. Las denominadas “ciencias de la información” (biblioteconomía, archivística y documentación), así como la lingüística, la terminología y la pretenciosa “gestión del conocimiento” afrontan notorias dificultades para aplicar sus taxonomías, ontologías, semiologías, tesauros, índices y catálogos. Hoy son los técnicos informáticos quienes usan algunas de esas herramientas en el marco de su peculiar visión de la realidad, con notoria dificultad para compartir con otras áreas sus supuestas interfaces terminológico-conceptuales.
c. La evolución de las organizaciones
El predominio y la creciente expansión de las referidas perspectivas gobierno-céntricas han contribuido a sesgar los valores y reglas de juego que configuran y condicionan la evolución de las organizaciones. Por ejemplo, las pautas culturales polítocráticas se refuerzan a partir de los criterios de selección, del proceso de socialización y del sistema de recompensas en las organizaciones. Quienes visualizan el éxito de las conductas de incidencia-sumisión politocrática de sus superiores jerárquicos tienden a imitarlas percibiendo que se trata del “proceder validado” por la organización.
Al visualizarse que los incentivos y recompensas se asocian a factores ajenos a la gestión sustantiva, se genera una creciente indiferencia y escepticismo acerca de los sistemas de información asociados a la auténtica razón de ser de las organizaciones. En nuestras administraciones públicas ya prácticamente no se cuestiona la calidad de los datos ni de los procesos sustantivos, la compartimentación de estructuras, la asignación de recursos a cuestiones ajenas a la misión, la prioridad de intereses ajenos a la lógica del servicio, ni la supeditación de la racionalidad programática a intereses, pugnas o favoritismos político-burocráticos. Tampoco se perciben inquietudes manifiestas acerca del desempeño sustantivo de los organismos, ni de la necesidad de acciones de “reforma” o “modernización” administrativa(¡¡qué antigüedad!!). La prioridad pasa hoy por “subir todo a Internet” (“gobierno electrónico”) como panacea para la eficacia, la eficiencia, la efectividad, así como para la transparencia, la participación y la colaboración propias de los “gobiernos abiertos”.
Una vez más, las perspectivas confluyen en prioridades y cuestiones distantes de las necesidades reales, corrientes y cotidianas de la mayor parte de las personas, con recurrencia de vicios como el cinismo y el divismo informacional.
Por nuestra parte consideramos fundamental inducir en los diversos actores una perspectiva informacional estratégica que contribuya a avanzar en dos componentes: a) la concertación de sistemas de información para la gestión sustantiva, y b) la formación de líderes de información.
4.- SISTEMAS DE INFORMACIÓN PARA LA GESTIÓN SUSTANTIVA
A través de nuestra prolongada trayectoria en la administración pública argentina hemos visto sucederse diversas propuestas de sistemas de información para la gestión sustantiva de las organizaciones que resultaron relegadas debido al predominio de perspectivas gobierno-céntricas.
Uno de los modelos con mayor potencial fue el del Presupuesto por Programas, impulsado desde la década de 1970, a través del cual se procura articular la información sustantiva a través de los distintos procesos del ciclo planeamiento-programación-presupuesto-ejecución-monitoreo-control-evaluación-aprendizaje y realimentación.
A través de los años se registraron variados intentos en análoga dirección, tales como el del Decreto Nº 928/1996 que sentó lineamientos del modelo de gestión por resultados y “obligó” a los organismos descentralizados a diseñar planes estratégicos, a orientar la gestión hacia los ciudadanos, a promover la participación y a incentivar la medición de resultados (Makon, 2000).
Al no estar sustentados en una nítida voluntad política ni incorporar mecanismos legitimados para inducir responsabilidad (“accountability”) por la gestión sustantiva, dichos modelos no lograron comprometer a los decisores ni inspiraron expectativa alguna en la ciudadanía. Por otra parte, no es fácil generar credibilidad cuando los “incentivos” se perciben como arbitrarios, se adjudican con pautas ambiguas y sólo a unas pocas “islas” en archipiélagos burocráticos inconexos.
Signados por los sesgos de sus propias lógicas y entornos, los referidos esquemas no alcanzaron a obtener vigencia efectiva o la perdieron inmediatamente a su sanción, dejando sólo -algunos de ellos- ciertos “incentivos” gerenciales asimilados como “derechos adquiridos” con prescindencia de sus supuestos propósitos, así como formalismos que aún permanecen (como ”resabios”) carentes de significación en términos de responsabilidad por la gestión sustantiva.
El modelo que tenemos hoy disponible en la Administración Pública Nacional es el Sistema de Información para la Gestión (SIG) (Argentina. Jefatura de Gabinete), que fue diseñado -dentro del Proyecto de Modernización del Estado- con el propósito de “optimizar” la gestión y la articulación de las distintas áreas de gobierno. Dicho modelo facilita el seguimiento y la evaluación de programas sustantivos, contribuyendo a la toma de decisiones y la coordinación estratégica.
La estructura del SIG se basa en tres matrices interrelacionadas en las que se detallan los problemas atendidos por los organismos y jurisdicciones, los objetivos propuestos para su resolución y las acciones previstas para la consecución de los objetivos formulados.
Estas matrices son el insumo estándar para construir el Tablero de Comando (TDC); una aplicación informática que permite actualizar la información y generar un sistema de reportes del estado de situación de cada una de las problemáticas. El seguimiento y la evaluación de los programas pueden desarrollarse sobre una plataforma Web con software libre, con niveles de alerta que reflejen el avance de la gestión hacia las metas establecidas. De tal forma puede apreciarse, sistemática y efectivamente, el estado general en la gestión de cada uno de los problemas, objetivos y acciones.
El SIG incluye también un módulo presupuestario, compuesto por un conjunto de indicadores clave monitoreados a partir de tablas y gráficos. Este módulo se alimenta del sistema de información utilizado por cada organismo para la administración presupuestaria y permite sistematizar los datos para los responsables de la decisión y del control.
La utilización integrada del SIG por parte de distintos organismos, jurisdicciones y niveles de gobierno podría resultar hoy viabilizada por el potencial de la denominada “nube” (“cloud”) -los reservorios de información en Internet- para facilitar la coordinación, la colaboración y la integración informativa de sectores, dependencias y jurisdicciones que aún se hallan orgánicamente inconexos o escindidos por barreras organizativas, culturales o tecnológicas.
5.- LA PRIORIDAD FORMATIVA
Desde nuestra perspectiva priorizamos la formación de líderes informacionales que reúnan las capacidades para un auténtico ejercicio de las competencias atinentes a la información sustantiva y la gestión informacional integrada, contribuyendo a constituir un espacio –hoy ausente en nuestras administraciones públicas- para que las perspectivas auténticamente política, jurídica, técnica, reglamentaria, presupuestaria, comunicacional e informática aporten –de manera efectiva y transparente- las genuinas contribuciones que les competen en el quehacer sustantivo de las instituciones.
A través de su liderazgo informacional deberán: a) proveer rumbo, significación y confianza para valorizar y compartir información, superando las actuales “islas” que condenan a nuestras administraciones públicas a una creciente precariedad informativa, interpretativa y decisoria, y b). impulsar la oportuna armonización e integración de los procesos en vez de pretender tornar “interoperable” lo que fue concebido, construido y operado de manera inconexa.
El ejercicio de dicho rol debe estar signado por una perspectiva informacional auténticamente democrática, con conocimiento empírico de las prioridades, limitaciones y preferencias de los distintos segmentos de destinatarios. Con esa base podrán desempeñar el liderazgo informacional integrador con flexibilidad y apertura hacia la diversidad de enfoques y de aportes, induciendo permanentemente la atención hacia los destinatarios de la información.
Con base en los fundamentos reseñados, la Red Interamericanade Formación en Gobierno Electrónico (RIF-GE) del Colegio de las Américas (COLAM) de la Organización Universitaria Interamericana (OUI) ha desarrollado un Diplomado en Gestión Informacional Estratégica en el Estado, dirigido a los funcionarios y profesionales interesados en adquirir y desarrollar competencias organizativas, sociales, cívicas, directivas y gerenciales vinculadas a la información sustantiva y su gestión integradora en las administraciones públicas de los poderes ejecutivo, legislativo o judicial de nivel nacional, estadual, provincial, municipal o en instituciones vinculadas a los mismos.
Este énfasis centrado en la información sustantiva, sustentado en los legítimos requerimientos de los destinatarios internos y en las perspectivas de las personas y sus comunidades, distingue netamente a esta propuesta de otros programas de capacitación en materia informacional.
La propuesta resulta pertinente para profesionales de las ciencias políticas, de la administración, la comunicación, la información y la informática, para canalizar sus proyectos hacia un espacio de genuinas oportunidades de desarrollo en las administraciones públicas al servicio de la integración informacional y de los auténticos destinatarios de las prestaciones y servicios.
Para todos ellos está emergiendo una excelente oportunidad para ejercer –con nuevas concepciones informacionales- un rol que se hallaba netamente desvalorizado. La sucesiva expansión de la “nube” como espacio informacional para compartir y construir con otros, por encima de los condicionamientos organizativos, físicos y lógicos sobre los recursos, abre un nuevo panorama para la coordinación, la colaboración y la integración informativa. Ese nuevo espacio deberá ser gestionado por auténticos líderes informacionales.
La propuesta resulta también de particular interés para quienes ejercen -actual o potencialmente- el cargo de Chief Information Officer (CIO). Ellos se hallan ante la inminente oportunidad de ver resueltos –a través de la “computación en la nube” (“cloud computing”)- gran parte de los problemas que los desvelaron durante décadas, tales como la posibilidad de: a) implantar servicios, aplicaciones y sistemas de manera prácticamente inmediata, b) dimensionar automáticamente la capacidad informática “a la medida” de los requerimientos de la operación, c) aumentar sustancialmente la eficiencia informática consumiendo sólo lo necesario, d) liberarse de los enigmas y laberintos asociados a la adquisición de equipamiento, software y servicios, así como de la presión de los proveedores, las exigencias normativas y las restricciones financieras, y e) adoptar decisiones disponiendo de un panorama preciso y detallado de los costos de cada aplicación, servicio y sistema.
La referida liberación implica para el CIO una oportunidad sin igual para concretar un salto cualitativo en su rol y sus competencias, destinando la atención y la capacidad intelectual liberada al análisis de problemas, posibilidades y soluciones informacionales auténticamente centradas en la gestión sustantiva y en los genuinos destinatarios internos y externos, particularmente de los ciudadanos. Pero, junto con las referidas oportunidades, la “nube” también representa una grave amenaza para el CIO tradicional, dado que permite reducir drásticamente la cantidad de departamentos de informática, acotar su tamaño y disminuir sustancialmente los gastos en informática. Como consecuencia, cada día resultará más obsoleto y vulnerable el posicionamiento y la imagen del CIO público como burócrata obsesionado por la gestión de infraestructuras informáticas.
El proyecto de formación de la RIF-GE será lanzado en el marco del Panel “El rol informacional del CIO” dentro del XVI Congreso Internacional del CLAD sobre la Reforma del Estado y de la Administración Pública que se realizará en Asunción, Paraguay, entre el 8 y el 11 de Noviembre de 2011
BIBLIOGRAFÍA
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http://www.jgm.gov.ar/paginas.dhtml?pagina=296
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http://www.rafaelcastellano.com.ar/Biblioteca/ARTICULOS/LECTURA%20DE%20MANUEL%20CASTELLS.pdf
Castells, Manuel (2009): Comunicación y Poder. Alianza, Madrid.
Makon, Marcos (2000): “El modelo de gestión por resultados en los organismos sw la administración pública nacional”, ponencia presentada en el V Congreso Internacional del CLAD sobre la Reforma el Estado y de las Administraciones Públicas, Santo Domingo, 24 al 27 de octubre.
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